viernes, 21 de enero de 2011

CAP. 1

Un sábado en un lugar de Madrid, corriendo calle abajo.

Era un día caluroso de mayo. Ella corría por la calle en busca de sus amigas, era su 17 cumpleaños. Estaba emocionada porque sus amigas le habían preparado una fiesta sorpresa, aunque lo único que ella no sabía, era que la sorpresa se la iba a dar el destino.

Un sábado en la ciudad de Madrid, en una calle cercana.

Él caminaba deprisa por una de las grandes calles de Madrid. Llegaba tarde, otra vez. Tenía que sacar unas fotos para una revista de moda, odiaba trabajar los sábados, y mucho más un sábado caluroso como ese de mayo. Su trabajo como fotógrafo había comenzado apenas un mes antes, cuando uno de sus profesores de la universidad de periodismo le había recomendado la fotografía y descubrió uno de sus dotes.

De repente, en esa misma calle de Madrid, como si de una broma del destino se tratara, se chocaron mientras giraban la calle.

-¡Ay!-dijo ella con brusquedad desde el suelo.

-Lo siento mucho.-se disculpó él ayudándola a levantarse-. Es que llego tarde, lo siento mucho enserio.

Ella miró con frialdad a aquel chico. Sin duda era guapo, muy guapo. Pero un torpe y un gilipollas.

Él la miró durante unos segundos estupefacto. No era la chica más guapa que había visto, aunque sin duda entraba de las primeras en la lista, pero tenía algo increíble. Algo que la hacía única a la vista de todos.

-Ten más cuidado la próxima vez.- Y dicho esto ella se marchó corriendo ante la mirada de él, que rápidamente dijo su nombre.

-¡Soy Luca!

-¡Valeria!-dijo ella mientras corría con una sonrisa en la cara.

Ella corría de nuevo calle abajo, viendo a sus amigas ya al final de la calle.

Ese chico era guapísimo. Luca. Recordaba a la perfección ese pelo moreno despeinado y sus ojos azules y penetrantes. Además recordaba un lunar que tenía en el pómulo y la sonrisa increíblemente perfecta que había esbozado al pedirle perdón. Pero se deshizo rápidamente de esos pensamientos al ver el gran reloj situado en una de las calles principales de Madrid. Llegaba realmente tarde, veía a sus amigas a lo lejos, pero no podía correr más. Sus zapatos de tacón le hacían rozaduras, y sentía la mirada de la gente según pasaba a toda velocidad, deberían de reírse de ella. Se recordó ella misma a la cenicienta sin príncipe y a punto de sufrir el cambio de las 12. Un fracaso de historia, otro más en su lista.

Ya sin preocuparse por la hora que era, en otro lugar de la ciudad.

Él no podía parar de pensar en Valeria. Llegaba tarde a sus trabajo pero no le importaba. Lo único que merodeaba por su mente eran esos ojos verdes y esa sonrisa prefecta. Mientras andaba, la mente de Luca recordaba al detalle cómo iba vestida: Valeria llevaba un vestido corto de color rosa pálido palabra de honor, con la parte que cubría sus pechos negra y el resto de pequeños volantes que caían a lo largo de su cuerpo enmarcándolo a la perfección. El vestido le llegaba más o menos por la mitad del muslo, enseñando unas preciosas piernas que resaltaban gracias a los altos tacones negros que llevaba y su pelo casi rubio caía en ondas hasta la mitad de su espalda. Cuando quiso darse cuenta había llegado a su lugar de trabajo: la agencia de modelos Perfección.

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